miércoles, 17 de abril de 2019

¡ME ENTREVISTAN EN LA RADIO! - Diálogos comanches Neo FM

¡Hola devoralibros! La semana pasada tuve la oportunidad de ser entrevistada como bloguera y escritora por Borja de Diego acompañada de la autora Rocío Hernández Triano en el programa Diálogos Comanches de Neo FM. Muchos me pedistéis el enlace dado que era una emisora local, así que aquí tenéis la entrevista completa. ¡Un abrazo!


sábado, 18 de marzo de 2017

EL SACRIFICIO DE UNA BESTIA (Susana Quirós) - Especial Bella y Bestia

¡Hola devoralibros! Nueva entrada del Especial Bella y Bestia, y esta en concreto me emociona muchísimo porque es un relato mío. ¡Sí! Por fin después de un año por aquí vais a leer algo mío, y la verdad es que eso me entusiasma a la vez que me pone extremadamente nerviosa jajaja Pero bueno, lo he escrito con mucho cariño, y espero que se note. ¿Preparados? Os dejo con mi relato: El Sacrificio de Una Bestia, por Susana Quirós Lagares (una servidora).






EL SACRIFICIO DE UNA BESTIA

Susana Quirós Lagares



Con la caída del penúltimo pétalo el joven, antaño bestia, se preguntó si había hecho bien dejándola ir. Su desolada faz cuando vio la imagen de su padre en el mágico espejo fue suficiente para encogerle el corazón. Ni siquiera lo pensó, “Entonces debes ir a su lado” contestó, aunque una parte de él se desgarraba con cada palabra.

No lo hagas – clamaba su alma - No me dejes 

- “Ahora puedes irte” 

No te marches 

- “Ya no eres mi prisionera” 

Te amo 


La amaba. Lo supo en el momento en el que sus ojos anhelantes acudieron a él desconsolados. Lo supo tras esa tarde en la nieve. Lo supo con cada cuento al calor de la chimenea, y con ese ansiado baile. 

Cuando sus manos se tocaron supo que bailaría con Bella hasta que sus pies no pudieran más, hasta que le faltara el aliento, hasta que les crecieran alas y salieran volando a la noche estrellada. Supo que no la soltaría jamás, hasta que el último pétalo cayese, y el perdiese su humanidad para siempre, sin importarle en absoluto su castigo, siempre que ella le sostuviese en un cálido abrazo, recitándole historias con su dulce y tierna voz. 

No había sido un buen hombre. Había sido egoísta, presuntuoso y superficial, por lo que no podía aspirar a que un ángel como Bella le quisiera. Pero cuando le miraba, con su cálida y amable mirada, era sencillo imaginar que por un momento ella sentía lo mismo, que realmente le veía, más allá de su aspecto. Ella sacaba lo mejor de él, le hacía querer ser mejor persona, y aunque a veces le sacaba de quicio… con cada regaño y mohín, había conseguido llegar al hombre dentro de la bestia. 

Bella, nunca un nombre había significado tanto. Aunque preciosa por fuera, el valor de su joven compañera residía dentro de ella: en su mirada inocente, su inteligencia, su cálido corazón, su generosidad… ¿Su amada? ¿Cómo iba a osar querer a su antaño carcelero? ¿a una bestia? Pero tan sólo por un momento, quiso creerlo. Quiso pensar que ella también había sentido esa magia entre los dos, la forma en que sus manos parecían encajar, la forma en la que sus movimientos se compenetraban con la maestría de dos bailarines acostumbrados a danzar juntos desde hacía años, la complicidad con la que se miraban. Ojos que ocultaban clases de lectura, chocolate frente al fuego y guerras de nieve en los jardines. Sonrisas que prometían intensos debates, picnics al sol y juegos por el castillo. Pupilas que prometían una vida juntos… De verdad quería creerlo. 

Y aunque apenas quedaban pétalos, aunque sabía que rescatando a su padre, no tendría motivo alguno para volver… la ayudó a marcharse, mientras la observaba irse junto a sus sueños, su felicidad y su alma. Ya no quedaba tiempo, pero conservaría los recuerdos de esos meses. Y eso valía más que recuperar su anterior aspecto. 

- “Llévatelo, así siempre podrás mirarlo… y acordarte de mí” – Pero no lo haría, ¿por qué iba a hacerlo? Después de todo, ¿quién iba a ser capaz de amar a una bestia? 

Con cada golpe de los cascos del caballo sobre el asfalto, sintió como el sueño de un futuro juntos iba desapareciendo y mientras Bella se alejaba no pudo más que aullar a la luna, llorando por cada uno de esos ahora nunca posibles recuerdos juntos. Maldijo a la hechicera, al castillo, al viejo Maurice e incluso al propio caballo que alejaba a su amada de su lado. Para siempre. 

Y se maldijo a sí mismo, por no haber sido capaz de haberla acompañado. Por no haber hecho las cosas distintas, mejores. Se maldijo a si mismo porque pese a todo, si era el precio a pagar por haberla tenido unos meses a su lado… entonces habría cometido los mismos errores, sufrido las mismas heridas, y dejado que su alma se desgarrase viéndola partir una y otra vez. 

Pero era tarde, ella no estaba ya a su lado. Y no volvería. Nunca. Jamás. 

------------------------------------------- *** ------------------------------------------------------- 

- ¡Señor, están atacando el castillo! 

No importaba. Ya nada lo hacía. 

- Dejadlos entrar.